Hablar de la Comisión Nacional del Agua en la Comarca Lagunera es hablar de una institución cuya actuación resulta determinante para el presente y, sobre todo, para el futuro de nuestra región. En una zona semidesértica, donde el crecimiento urbano, la actividad industrial y la producción agropecuaria dependen de un recurso limitado, la política hidráulica no puede reducirse a administrar emergencias ni a anunciar obras aisladas. Requiere planeación de largo plazo, coordinación entre los distintos órdenes de gobierno y absoluta claridad sobre las necesidades de cada municipio. El agua es el principal factor estratégico de La Laguna: sin disponibilidad suficiente, calidad adecuada y redes eficientes, difícilmente podremos sostener el desarrollo económico, garantizar condiciones dignas de vida o conservar la viabilidad ambiental de la región. Por eso, cada inversión, decisión u omisión de la Conagua debe analizarse a la luz de esta enorme responsabilidad.
Actualmente, buena parte de los esfuerzos federales se concentra en Agua Saludable para La Laguna, proyecto concebido para reducir la dependencia de los pozos y llevar agua de mejor calidad a la población. Paralelamente, se habla de modernizar el campo para reducir el consumo agrícola, que representa la mayor parte de las extracciones regionales. Ambos objetivos son necesarios, pero deben avanzar acompañados de información transparente, mediciones confiables y resultados verificables. No basta con construir infraestructura para conducir agua desde el río Nazas si persisten pérdidas en las redes municipales, irregularidades en el suministro o dudas sobre la sustentabilidad del sistema. Tampoco será suficiente pedir sacrificios al sector agrícola sin ofrecer tecnología, financiamiento y alternativas productivas. La responsabilidad de la Conagua consiste precisamente en integrar las distintas piezas y evitar que cada autoridad o usuario actúe por separado, defendiendo únicamente sus intereses inmediatos.
También son relevantes las inversiones destinadas a agua potable, drenaje y saneamiento. En Durango se ejercen más de 158 millones de pesos mediante el programa Proagua, con obras distribuidas en 22 municipios. En Coahuila se trabaja en la ampliación de redes troncales para llevar agua a Torreón, Matamoros, Francisco I. Madero y San Pedro. Sin embargo, la experiencia demuestra que los anuncios deben traducirse oportunamente en expedientes técnicos completos, proyectos ejecutivos y obras funcionales. El caso del drenaje pluvial de Torreón, cuyo proyecto federal perdió su registro ante la Secretaría de Hacienda por falta de documentación técnica, evidencia las consecuencias de una coordinación deficiente. La Conagua debe acompañar a estados y municipios, establecer responsabilidades y ayudar a que los proyectos prioritarios no se pierdan entre trámites, improvisaciones o disputas políticas. El agua potable, el drenaje y el saneamiento forman parte de una misma política regional.
Las lluvias recientes y los escurrimientos han mejorado el nivel de las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco, que en conjunto almacenan alrededor de 800 millones de metros cúbicos. Es una noticia positiva, pero no debe confundirse con una solución permanente ni convertirse en pretexto para relajar las medidas de ahorro. En una región caracterizada por ciclos prolongados de sequía, cada volumen almacenado debe administrarse con responsabilidad y visión de futuro. El desperdicio continúa siendo inadmisible, tanto en la agricultura como en las redes urbanas, las industrias, los comercios y los hogares. La Conagua tiene que fortalecer la medición, la vigilancia de las extracciones, la tecnificación del riego y el combate a las tomas clandestinas, mientras que los organismos operadores deben reducir fugas y mejorar su eficiencia. La cultura del agua comienza con la ciudadanía, pero exige instituciones que actúen con orden y autoridad.
Definitivamente, amigo radioescucha, la Conagua ocupa un lugar central en cualquier proyecto serio para asegurar el futuro de la Comarca Lagunera. Su papel no puede limitarse a ejecutar presupuestos, autorizar concesiones o reaccionar cuando las presas bajan y los pozos dejan de producir. Debe encabezar una política integral que proteja el acuífero, aproveche responsablemente el agua superficial, modernice los sistemas agrícolas, fortalezca el saneamiento y obligue a todos los usuarios a evitar el desperdicio. Para ello se necesita cooperación entre Coahuila y Durango, municipios con capacidad técnica y una sociedad dispuesta a modificar hábitos. La Laguna no puede seguir tratando el agua como si fuera un recurso inagotable. Cada fuga reparada, cada hectárea tecnificada y cada obra bien planeada representa tiempo ganado. Cuidar el agua no es solamente resolver una necesidad actual: es defender la posibilidad misma de que nuestra región tenga futuro.