El reto de la infraestructura ante el cambio climático

 

Es claro que la infraestructura que sostiene nuestras ciudades está intrínsecamente ligada al clima de cada región. Puentes, carreteras y edificaciones se diseñan considerando las circunstancias habituales, desde temperaturas extremas hasta la frecuencia de precipitaciones. Sin embargo, el cambio climático está alterando estas condiciones, desafiando la durabilidad y eficacia de nuestras construcciones. Si se ignora esta nueva realidad, se corre el riesgo de un colapso masivo.

De hecho, un estudio de 2017 proyectó que, para el año 2080, las olas de calor podrían causar el 92% del daño total a la infraestructura de transporte debido a que las carreteras no están preparadas para el aumento de temperaturas. Diversas informaciones indican que aproximadamente 35% de las carreteras se construyeron con materiales que ya no son adecuados para el clima actual, dado que las temperaturas máximas previstas se superan con frecuencia.

La mayoría de nuestras calles y carreteras están hechas de asfalto, una mezcla de roca y bitumen, que se ablanda con el calor. Además, el asfalto negro absorbe más luz solar, calentándose rápidamente y deformándose bajo tráfico constante. Por otro lado, las autopistas de hormigón, aunque más duraderas y con menos mantenimiento, son costosas y vulnerables a la expansión por el calor, lo que puede provocar desniveles entre las losas.

El Atlas Municipal de Peligros y Riesgos de Torreón advierte que el cambio climático podría aumentar las temperaturas urbanas hasta tres grados. Zonas como el Centro Histórico y Cobián, con escasas áreas verdes, experimentan un calentamiento significativo. A pesar de contar con plazas y parques, la falta de vegetación suficiente impide una regulación térmica adecuada, exacerbando el efecto isla de calor.

Definitivamente amigo radioescucha, la tecnología actual nos brinda las herramientas para fortalecer la infraestructura ante el cambio climático. No obstante, esto requiere de inversiones cuantiosas a nivel gubernamental. El verdadero reto es construir sistemas resilientes y eficientes, lo que demanda una colaboración intergubernamental estrecha. Es crucial que el próximo gobierno federal lidere con una visión progresista, trascendiendo paradigmas ya obsoletos para adaptarse así a los desafíos del siglo XXI.



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