El último estertor

 

El presidente Andrés Manuel López Obrador admitió que Arturo Zaldívar le ayudaba a influir en las decisiones de jueces subalternos cuando ocupaba el cargo de ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Según AMLO, si Zaldívar hubiera permanecido al frente de la Corte, Emilio Lozoya Austin no se encontraría en prisión domiciliaria ni se hubiera ordenado desbloquear las cuentas bancarias de Linda Cristina Pereyra Gálvez, esposa de Genaro García Luna. El presidente también indicó que actualmente no tiene ese nivel de comunicación con la actual ministra presidenta de la Suprema Corte, Norma Piña.

El problema no es si el procesado o procesada es culpable o no, sino que se aproveche una relación personal para influir en el trámite judicial. Según el presidente AMLO, el asunto se complica porque, por ley, los jueces tienen hasta 72 horas para liberar a un detenido si no hay una orden de aprehensión en su contra. Sin embargo, a veces los liberan a las 24 horas, lo que obliga al Ejecutivo a correr para revisar si existe alguna orden pendiente. Este tiempo le parece muy corto al presidente, sobre todo cuando coincide con el fin de semana.

Lo curioso es que el presidente no anuncie lo que pareciera ser la solución obvia y es que se destinen recursos para interconectar los diversos sistemas policiales y judiciales. Así, no sería cuestión de horas, sino de segundos, para conocer la identidad de una persona y si tiene órdenes de aprehensión. Esta tecnología no es de mayor complejidad en los tiempos actuales, pero amerita de la voluntad política suficiente para destrabar las parcelas de poder e interconectar las diversas bases de datos.

Una visión moderna del Estado tendría que enfocarse en sistemas que permitieran procedimientos expeditos e información segura y disponible. Parece increíble que el presidente de la República muestre como ejemplo que él mismo deba llamar al presidente de la Suprema Corte de Justicia para que le mantenga unas horas más a un detenido o hasta que un juez se pase por alto errores procesales. Lo que debería mostrar el mandatario son proyectos de modernización en los que la discrecionalidad no sea necesaria y en los que los procesos fluyan eficiente y eficazmente.

Definitivamente, amigo radioescucha, el caudillo necesita el poder personalista que le otorga un Estado ineficiente y atrasado. Un Estado moderno y eficiente, basado en el equilibrio, la autonomía y la pluralidad de los poderes, le restaría control y dominio sobre la sociedad. Ojalá que la 4T sea el último estertor de un caudillismo que ya no tiene cabida en una sociedad del siglo XXI.



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