¿Felices, pero, también, inseguros?

 

Los mexicanos parecen sentirse razonablemente bien con sus vidas. Los resultados del Módulo de Bienestar Autorreportado 2026 del INEGI señalan que la población de 12 años y más calificó su satisfacción con la vida actual con un promedio de 8.75 puntos sobre 10, ligeramente por encima del 8.65 registrado el año anterior. Es, sin duda, una buena noticia. Habla de una sociedad que, pese a dificultades económicas, inseguridad, problemas de salud y numerosas incertidumbres, conserva una valoración positiva de su existencia. Pero conviene no confundir satisfacción personal con ausencia de problemas estructurales.

Millones de personas pueden sentirse satisfechas con su vida y, al mismo tiempo, carecer de seguridad social, vacaciones pagadas, ahorro para el retiro, protección frente a accidentes laborales o estabilidad en sus ingresos. La felicidad depende también de la familia, las relaciones personales, la comunidad, la salud, las expectativas y muchos otros factores. Pero sería un error que las autoridades interpretaran un elevado nivel de satisfacción subjetiva como prueba de que las condiciones materiales son suficientemente buenas.

El propio valor del BIARE consiste justamente en ampliar nuestra comprensión del bienestar. Durante décadas se pretendió medir el progreso casi exclusivamente mediante variables económicas: crecimiento del PIB, ingreso, empleo o inversión. Incorporar cómo las personas perciben su propia vida es un avance importante porque recuerda que detrás de las estadísticas existen seres humanos con expectativas, emociones y proyectos. Sin embargo, tampoco debemos caer en el extremo contrario. El bienestar subjetivo debe complementar, no desplazar, los indicadores objetivos.

Por eso, cuando hablamos de bienestar laboral necesitamos mirar ambas dimensiones. Importa saber si las personas se sienten satisfechas con su trabajo, pero también si reciben un salario suficiente, cuentan con seguridad social, tienen estabilidad, pueden descansar, disponen de protección frente al despido y construyen derechos para el futuro. México ha avanzado durante los últimos años en salarios mínimos, vacaciones y otras prestaciones laborales, pero esos beneficios alcanzan plenamente sólo a quienes están dentro de la formalidad.

Definitivamente, amigo radioescucha, saber que los mexicanos calificamos con 8.75 nuestra satisfacción con la vida merece celebrarse. Pero sería todavía mejor que esa percepción estuviera acompañada por condiciones materiales igualmente satisfactorias. La verdadera aspiración debería ser una sociedad en la que sentirse bien no dependa de aprender a vivir con la precariedad, sino que encuentre respaldo en empleos dignos, ingresos suficientes, seguridad social y certidumbre sobre el futuro. La felicidad es una dimensión indispensable del bienestar; pero, la seguridad económica también lo es.



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