Hay qué abrir ventanas a lo que no es infierno: Una charla con Juan Villoro

En México, y lo sabe cada generación por experiencia, la crisis es deporte nacional. Siempre hay obstáculos políticos, económicos o de alguna índole que convierten a la esperanza en una suerte de privilegio evanescente. Sin embargo, “construir la esperanza es una obligación de la especie”. Y, para ello, dice el maestro Juan Villoro, “el periodismo y el arte juegan una carta fundamental”.

Las generaciones más recientes sólo han conocido la crisis. Mi generación (la que nació y creció en las décadas del 50 y 60) todavía tenía derecho a la esperanza”, comenta en la charla que nos concedió antes de ofrecer la conferencia “Los retos de la realidad virtual” en la Ibero Torreón, que celebra los 40 años de la carrera de Comunicación. Un apunte sobre ese tema, el de una sobreoferta tecnológica que a veces nos rebasa, es la reiteración de que “somos los bárbaros de una nueva era, somos primitivos rodeados de aparatos y tecnologías que todavía no sabemos muy bien para qué van a servir”.

De sobra es conocida la afición de Juan por el fútbol, además de su necaxismo de cepa. Esas pasiones las ha incorporado profusamente a su trabajo narrativo y por ello recurre a las odiseas futboleras para definir la mexicanidad: “el grito de “Sí se puede” a la Selección Mexicana es la demostración empírica de que normalmente no se ha podido”. Y en ese sentido, la ilusión de llegar al quinto partido en los mundiales podría ser una metáfora de tantas luchas malogradas en la cotidianidad social de este país. Sin embargo, “hay qué abrir ventanas a lo que no es infierno. Sólo quien conoce el infierno puede concebir el paraíso”.

No hay una esperanza dada, socialmente es muy difícil estar ilusionado en un porvenir mejor, pero no podemos abdicar de la obligación de construir otras alternativas, porque de otro modo la especie no podrá sobrevivir. Hoy en día la construcción de la esperanza a través del periodismo y del arte es un recurso de supervivencia”, apunta el maestro Villoro. Pro cierto, en unos días recogerá en Bogotá, Colombia, el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabo 2022.

Y para abrir esas ventanas a lo que no es infierno, una vía es la educación: “la educación es el virus positivo que debemos inocular para tener una pandemia virtuosa”. Esa educación, apunta Juan, debe ser transmitida con pasión. A final de cuentas todas las formas de la pasión nos llegan por contagio.

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