A México le faltó algo que no puede faltar si aspiras a mucho más: imaginación. El ataque fue predecible, repetitivo y monótono.
Mucha posesión, dominio de terreno, pero pocas o nulas variantes.
Era atacar del mismo modo y así es muy difícil.
El tramo final del partido resultó lleno de dramatismo, pero mal jugado, lleno de precipitaciones, equivocaciones, balonazos, con más desesperación que ideas.
Y ahora vienen los mismos discursos de siempre cuando la Selección queda eliminada:
Exportar más jugadores a Europa.
Trabajar en fuerzas básicas.
Menos extranjeros en los equipos.
Que exista el descenso.
Darle más oportunidad a mexicanos.
Y los discursos, quedarán en eso… solamente discursos.
El problema pasa por la calidad de sus futbolistas que no alcanza cuando enfrenta a selecciones con jugadores de gran categoría. Ahí radicó también la diferencia.
Mientras no tengamos más calidad, mejor físico, más jugadores en la élite, nos vamos a seguir quedando donde siempre.
Por algo los mejores están donde están.
El equipo nacional puede subir otro nivel si mantienen regularidad, consolidan su técnica y alcanza una mayor madurez para enfrentar los momentos de más presión que exigen concentración.
La eliminación mexicana fue al estilo José Alfredo Jiménez: “siempre caigo en los mismos errores”.