La industria marmolera forma parte del paisaje económico de Gómez Palacio y de la región lagunera. Genera empleos, activa cadenas productivas y contribuye a la riqueza local. Sin embargo, también se ha convertido en una de las actividades que más presiona la calidad del aire, debido a la emisión de partículas PM10 y PM2.5 derivadas de la trituración y procesamiento del mármol. Esta industria se encuentra entre las que más afectan el ambiente de la Comarca. Ese dato no puede ser ignorado en una región que ya enfrenta desafíos históricos en materia ambiental.
A ello se suma que varias empresas han operado durante años sin licencia de funcionamiento ni permisos ambientales. Diversas marmoleras trabajaban al margen de la ley por lo que las autoridades determinaron un plazo de tres meses para regularizarse. En total, se han identificado 24 empresas del giro en la Laguna de Durango de las cuales 13 presentan pendientes administrativos, según se informó recientemente. Las autoridades han optado por un enfoque de acompañamiento antes que de sanción inmediata, lo cual puede interpretarse como una oportunidad para corregir el rumbo. La situación en el estado puede ser todavía más grave, pues la cantidad de empresas que las autoridades duranguenses tienen identificadas como dedicadas al mármol es de 180.
El equilibrio que hoy se busca no es sencillo. Nadie desea el cierre abrupto de fuentes de empleo, pero tampoco es aceptable que la generación de riqueza se haga a costa de la salud de las comunidades vecinas. Las partículas suspendidas no son un asunto abstracto: se traducen en enfermedades respiratorias, en polvo permanente sobre viviendas y escuelas, en deterioro de la calidad de vida. Cuando el desarrollo económico no internaliza sus costos ambientales, termina trasladándolos a la sociedad en forma de gasto médico y pérdida de bienestar.
Por ello, el plazo de tres meses debe entenderse como una prueba de compromiso. Instalar colectores de polvo, crear barreras ecológicas, regularizar la Licencia Ambiental Única y establecer centros de acopio para residuos no son caprichos burocráticos, sino condiciones mínimas para una actividad industrial responsable. Si el acompañamiento institucional funciona, la industria podrá incluso ganar competitividad en mercados que exigen estándares ambientales cada vez más estrictos. Cumplir la ley no debilita a las empresas; las fortalece.
Definitivamente, amigo radioescucha, el desarrollo que necesitamos en La Laguna no es el que enfrenta empleo contra medio ambiente, sino el que los integra con responsabilidad. La riqueza genuina es aquella que puede sostenerse en el tiempo sin hipotecar la salud de las personas ni degradar el entorno. Hoy las marmoleras tienen la oportunidad de demostrar que pueden ser parte de la solución y no del problema. Que así sea dependerá tanto de la firmeza de la autoridad como de la voluntad real del sector productivo para asumir, sin pretextos, su responsabilidad social y ambiental.