Mañana 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Conviene detenernos un momento para mirar con objetividad la situación que viven millones de mexicanas. Es cierto que en las últimas décadas se han registrado avances importantes: hoy las mujeres estudian más, participan más en la vida pública y han logrado abrir espacios que antes les estaban cerrados. Sin embargo, esos avances conviven con desigualdades persistentes que siguen marcando su vida cotidiana. El desafío no es negar los progresos, sino reconocer que aún existen brechas profundas que impiden que las mujeres ejerzan plenamente sus derechos y su potencial.
Uno de los ámbitos donde esta realidad se hace más evidente es el mercado laboral. Aunque las mujeres son mayoría entre la población adulta, su participación económica sigue siendo mucho menor que la de los hombres: apenas alrededor de 45.7 % de ellas participa en el mercado laboral, frente a más de 75 % de los hombres. Además, cuando logran incorporarse al trabajo, con frecuencia lo hacen en condiciones más precarias, con menores ingresos y mayor presencia en la informalidad. Más de la mitad de las mujeres ocupadas trabaja sin seguridad social ni prestaciones, lo que limita su estabilidad económica y su desarrollo profesional.
La desigualdad también se manifiesta en el tiempo y en el tipo de trabajo que realizan. En promedio, las mujeres dedican cerca de 40 horas semanales a labores domésticas y de cuidado no remuneradas, más del doble del tiempo que destinan los hombres a esas actividades. Este trabajo invisible sostiene a las familias y a la economía, pero al mismo tiempo reduce las oportunidades de las mujeres para desarrollarse profesionalmente o acceder a empleos formales. Las consecuencias de esta desigualdad se acumulan a lo largo de la vida: por ejemplo, apenas el 34 % de las mujeres tiene una cuenta de ahorro para el retiro, lo que las coloca en una situación de mayor vulnerabilidad económica durante la vejez.
A lo anterior se suman problemas aún más graves relacionados con la violencia y la discriminación. En México, al menos siete de cada diez mujeres han sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Entre niñas y adolescentes la situación también es preocupante: más del 92 % de las víctimas de violencia sexual atendidas en hospitales en el rango de 1 a 17 años son mujeres, y dos de cada tres menores reportadas como desaparecidas en el país también son niñas o adolescentes. Estos datos reflejan una realidad dolorosa que no puede ni debe ser ignorada.
Definitivamente, amigo radioescucha, el Día Internacional de la Mujer no es sólo una fecha para discursos o consignas. Es una oportunidad para recordar que el bienestar de las mujeres no es un asunto exclusivo de ellas, sino una responsabilidad colectiva. Cuando las niñas pueden estudiar sin obstáculos, cuando las mujeres acceden a empleos dignos, cuando viven libres de violencia, toda la sociedad se beneficia. Construir un país más justo para ellas significa, en realidad, construir un México mejor para todos.