No será para siempre

 

La próxima administración federal heredará un escenario económico marcado por la incertidumbre y el cambio. A diferencia del optimismo prevaleciente a finales de 2023, impulsado por el crecimiento inesperado de la economía estadounidense, el presente año se caracteriza por ajustes negativos en las proyecciones. La caída en la producción, la contracción en sectores clave y la ralentización de la inversión extranjera directa son indicativos que producen temor en el panorama financiero.

En 2024, México enfrenta una desaceleración económica palpable. Las proyecciones indican un crecimiento anual de solo el 2% en la producción nacional durante el primer trimestre, con notables reducciones en las actividades primarias y secundarias. Tanto la inversión fija bruta como la inversión extranjera directa han disminuido, reflejando un entorno económico poco favorable y una merma en las expectativas de crecimiento para el país.

El balance presupuestario del sector público ha empeorado significativamente, pasando de un déficit de 235 mil millones de pesos en 2017 a 1.08 billones de pesos en 2023. La deuda del sector público federal aumentó de 10.55 billones de pesos en 2018 a 14.87 billones en 2023. Además, la deuda financiera de Pemex se duplicó, de 54.5 mil millones de pesos en 2011 a 101.5 mil millones en 2023.

Por otro lado, según indica el IMCO, Instituto Mexicano para la Competitividad, el fenómeno de nearshoring no ha tenido un impacto suficientemente significativo en México, a pesar de la relocalización de cadenas productivas fuera de Asia. La inversión extranjera directa en nuestro país no ha logrado capturar los flujos que China ha dejado de recibir en los últimos años. Las cifras récord en inversión extranjera directa no reflejan la realidad económica del país, ya que representan solo cerca de una décima parte de la inversión total.

Definitivamente amigo radioescucha, el próximo gobierno enfrentará desafíos económicos sustanciales. Para superarlos, podría utilizar el poder de las compras públicas para impulsar el crecimiento. Para ello, será crucial el cuidado de la transparencia y la adherencia a reglas claras, lo cual marcará un cambio radical respecto a las prácticas de la 4T, donde no se cuenta con información en casi la mitad de los procedimientos. El nearshoring es una oportunidad que podremos aprovechar mientras esté disponible; no será para siempre.



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