Para que el futuro se haga presente

 

En México, la juventud puede ser la fuerza decisora en el ámbito político. Con 37.8 millones de jóvenes, de los cuales 26.2 tienen entre 18 y 29 años, este grupo se prepara para ejercer un poder significativo en las elecciones de 2024. Representando 30% de la lista nominal y 38% del padrón electoral, su voto no es solo un derecho, sino una herramienta potencial para el cambio, capaz de inclinar la balanza en cualquier dirección.

No obstante, los jóvenes mexicanos revelan una cierta apatía en relación con su participación política. En las elecciones de 2018, apenas el 17% de este sector acudió a las urnas. Sin embargo, los electores entre 18 y 19 años, que votaban por primera vez, asistieron en gran número tanto en 2018 como en 2012 con porcentajes que superaron el 60% de esta población. Lastimosamente, este entusiasmo inicial se desvanece con la transición a la vida universitaria o laboral, relegando la actividad política a un plano secundario.

Ahora bien, la aparente desidia de los jóvenes mexicanos no refleja desinterés, sino una reorientación de sus prioridades. Temas como género, equidad, medio ambiente y empleo digno resuenan con fuerza en su discurso, marcando un contraste con las preocupaciones tradicionales de las generaciones anteriores y señalando un cambio en el paradigma político. Además, no se trata solo de un asunto de temas, sino de estilos, que no logran encajar con los sectores juveniles.

Visto así, la tarea es doble. Por una parte, los adultos deben asumir la responsabilidad de escuchar e integrar estas voces frescas en los programas gubernamentales y proyectos políticos con un interés genuino que vaya más allá de la circunstancia electoral. Por la otra, los jóvenes mexicanos enfrentan el desafío de construir una nueva narrativa que resuene con los tiempos actuales. De esta manera será posible elaborar un proyecto nacional que refleje las aspiraciones propias del siglo XXI.

Definitivamente amigo radioescucha, los jóvenes tienen la capacidad de influir y decidir el curso del país. No obstante, este poder decisivo solo se materializa a través de la acción y el compromiso. Al ejercer su derecho al voto y al involucrarse en el diálogo político, los jóvenes tienen en sus manos la llave que puede abrir las puertas a un país que refleje sus ideales y sueños. Por ello, es imperativo que cada joven reconozca la fuerza de su voz y la importancia de su contribución, para que a través de su participación consciente y decidida el futuro de México se haga presente.



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