Que sea una opción, no una obligación

 

En México, la maternidad prolongada es un problema que muchas veces no queremos ver. Con este término se denomina a las abuelas que deben asumir la crianza de sus nietos. Uno de cada diez niños mexicanos es cuidado, en exclusiva, por sus abuelas. El embarazo adolescente, la falta de acceso a guarderías públicas o el alto costo de las privadas son causas comunes. Sin embargo, también se encuentra la orfandad, muchas veces resultado de tragedias sufridas por las familias.

La pandemia del Covid-19 dejó una huella indeleble en México, con aproximadamente 131 mil niños huérfanos. Investigaciones académicas revelan que la ausencia de un cuidador principal incrementa el riesgo de maltrato, pobreza y trastornos mentales en la infancia, incluyendo depresión y ansiedad. El estrés puede alterar la estructura cerebral de los niños, aumentando su vulnerabilidad si no cuenta con un tratamiento adecuado a la situación.

Por otro lado, la violencia es también un factor que impulsa a las abuelas a asumir el rol de madres. En la Comarca Lagunera, un grupo de mujeres se ha convertido nuevamente en madres a causa del feminicidio que acabó con la vida de sus hijas. Su valentía se convierte en pilar de resistencia ante la tragedia, buscando sanar y brindar un hogar seguro a sus nietos. En esto, enfrentan desafíos emocionales al lidiar con la pérdida de un ser amado y con la violencia de género.

En este sentido, es importante resaltar que no existen programas gubernamentales destinados a ayudar a las mujeres que se encuentran criando solas a sus nietos. La situación no solo les genera dificultades económicas, sino que también perpetúa su desigualdad y las coloca en una posición de desventaja significativa en su ancianidad. Por ello, es necesario implementar políticas que reconozcan las necesidades específicas de estas abuelas y les brinden el respaldo necesario.

Definitivamente amigo radioescucha, atribuir la crianza de los nietos a una herencia cultural es ignorar la complejidad de la situación. Estas mujeres, pilares de fortaleza en tiempos de adversidad, asumen responsabilidades no por elección, sino por la ausencia de alternativas viables. La sociedad debe avanzar proporcionando apoyo real y tangible creando programas que ofrezcan soluciones prácticas y empoderen a las abuelas, asegurando que su sacrificio y dedicación sean una opción, no una obligación sin salida.



Comenta esta noticia