Reconstruir la confianza y la democracia

Idealmente, quienes ocupan cargos públicos de representación deberían ser los mejores, los líderes que guían con el ejemplo. Sin embargo, la realidad dista mucho de este ideal. La elección de candidatos en México se ve afectada por una serie de factores que distorsionan este principio. Desde mecanismos de manipulación de masas y maquinarias partidistas hasta la falta de opciones reales, los ciudadanos frecuentemente se encuentran en la disyuntiva de seleccionar al candidato ‘menos malo’, en vez de poder optar por el ‘mejor de los mejores’.

Uno de los problemas más evidentes es la falta de consistencia en las trayectorias políticas. Al revisar el historial de los candidatos, se observa que muchos de los que hoy critican y culpan a otros partidos por los problemas, hasta hace poco militaban en esos mismos partidos que ahora denuncian. No es una cuestión de convicción o ideología, sino un simple reacomodo en la búsqueda de poder.

Así, la política se convierte en un simple juego de poder por poder, donde las ideologías y los principios parecen haber quedado en segundo plano. No importa la carrera política de un militante, ni su trabajo para ganarse una posición como candidato. Lo que prevalece es ser el hijo o hija de alguien con poder o, aún mejor, tener el dinero suficiente para comprar la candidatura.

No es de extrañar entonces la desconfianza que existe hacia los partidos políticos y las cámaras legislativas. Según la ENCIG 2023, un abrumador 71.1% de los mexicanos no confía en los partidos políticos. Además, un 65.5% de la población no confía en la cámara de diputados y senadores. De tal modo que se evidencia una total crisis de representatividad y legitimidad en las instituciones encargadas de representar y velar por el bien común.

Definitivamente amigo radioescucha, ante este panorama, es esencial no dejarse llevar por campañas publicitarias atractivas o por la simpatía partidista; es imperativo revisar el historial y las propuestas de cada candidato. Una propuesta sólida y factible es más valiosa que un cartel bonito o un vídeo simpático. La elección consciente e informada de nuestros representantes es el primer paso para reconstruir la confianza en nuestras instituciones y la democracia de México.



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