Recuperar la confianza

 

Diversas encuestas que miden la percepción institucional marcan a los partidos políticos entre las instituciones con menor credibilidad social. Una de ellas, la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental del INEGI correspondiente al año 2021 indica que mientras un 79% de la población confía en las universidades y en las escuelas públicas a nivel básico, solo 27.9% siente lo mismo por los partidos políticos. De hecho, el instrumento muestra que para el año 2019 era aún menor con 24.6%.

Lo curioso es que mientras su credibilidad está por el piso, nuevas organizaciones intentan convertirse en partidos políticos. Según se ha informado, a poco tiempo de haberse abierto el proceso de inscripción ya se han registrado 7 proponentes: Nuevas Ideas, Movimiento Laborista Coahuila, Partido Democrático de la Mujer, México Avante Coahuila, Partido Cardenista Coahuilense, Unión Coahuilense por la Paz y Fuerza Independiente de Coahuila. Estas agrupaciones buscan obtener el registro como partidos políticos locales y así acceder a las prerrogativas que les otorga la ley.

¿Son esos nuevos partidos una solución para la falta de credibilidad ciudadana? La historia muestra que no es el caso; salvo pocas excepciones, los partidos nuevos desaparecen al poco tiempo, algunos, dejando deudas por multas que les son impuestas. Un ejemplo es el Partido Joven, que fue creado en 2012, perdió su registro en 2017 y actualmente enfrenta un proceso legal por el uso indebido de recursos públicos. Ahora, el ya extinto Partido Joven se vuelve a presentar dividido en dos: Nuevas Ideas y Partido Cardenista Coahuilense.

El problema de fondo es que los intereses colectivos están cada vez más fragmentados, razón por la cual un partido no logra representarlos. Esto ha servido de oportunidad de negocios. Se puede citar el caso del proceso electoral de 2020 cuando siete partidos gastaron 26.6 millones de pesos provenientes del erario público. Ellos fueron: PRD, Movimiento Ciudadano, PT, Fuerza por México, Encuentro Solidario, Redes Sociales Progresistas y la UDC. Éste último recibió 14 millones 19 mil pesos y obtuvo solo 6 mil 312 votos. Es decir, cada voto de la UDC le costó 2 mil 221 pesos a los contribuyentes mexicanos.

Definitivamente amigo radioescucha, ante esta situación es perentorio repensar el sistema de representación, so pena de abonar al creciente desencanto por la democracia. Se requiere de una reforma política que fortalezca la rendición de cuentas, la transparencia, la participación ciudadana y la pluralidad. Asimismo, se necesita de regulaciones más exigentes que les dificulte entrar a quienes han hecho de la participación política un negocio. De este modo, podría ser aún posible recuperar la confianza ciudadana.



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