Sheinbaum: un gobierno entre la herencia y sus propios resultados

Evaluar el desempeño de Claudia Sheinbaum como presidenta exige reconocer las circunstancias extraordinariamente difíciles en que recibió el país. Su antecesor le dejó el mayor déficit fiscal en décadas, unas finanzas públicas sometidas a fuertes presiones por pensiones, programas sociales y Pemex, además de una economía que había crecido muy poco durante seis años. A ello debe agregarse una crisis de violencia acumulada y, pocos meses después de iniciar su administración, el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, con todas las tensiones comerciales, migratorias y de seguridad que esto significa para México.

Desde esa perspectiva, sería injusto negar que existen algunos resultados favorables. El gobierno presume una reducción significativa de los homicidios dolosos, salarios formales en niveles históricamente altos, una tasa de desempleo reducida y cifras récord de inversión extranjera. Son datos que deben reconocerse. Sin embargo, tampoco pueden aceptarse sin revisión. El estudio de la Universidad Iberoamericana sobre homicidios advierte cambios importantes en las categorías estadísticas y un crecimiento extraordinario de otros delitos contra la vida y la integridad corporal. No demuestra que las cifras hayan sido manipuladas, pero sí obliga a ser prudentes con el juicio.

Algo parecido ocurre con la economía. México alcanzó casi 35 mil millones de dólares de inversión extranjera directa durante el primer semestre de 2026, una cifra récord que legítimamente puede presumir el gobierno. El problema aparece al mirar debajo del dato: apenas 7.8% correspondió a inversiones nuevas, mientras la gran mayoría provino de empresas que ya operaban en el país y reinvirtieron utilidades. En materia laboral, hay más de 60 millones de personas ocupadas, pero 55.1 por ciento trabaja en la informalidad. Es decir, millones de mexicanos permanecen sin la seguridad social, estabilidad y derechos que supone un empleo formal.

También merece reconocimiento el esfuerzo de disciplina fiscal emprendido por la administración. Sheinbaum recibió en 2024 un déficit equivalente a 5.8 por ciento del Producto Interno Bruto y ha intentado reducirlo mediante una política de contención del gasto. Pero la tarea está lejos de concluir. El déficit continúa por encima de las metas originales y la deuda pública ampliada podría cerrar 2026 alrededor de 54% del PIB, en niveles históricos. A esto se suman la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC, las presiones provenientes de Washington en materia de seguridad y las controversias que involucran a personajes de Morena.

Definitivamente, amigo radioescucha, Claudia Sheinbaum ha mostrado, en algunos terrenos, una capacidad de conducción superior a la que vimos durante los últimos sexenios. Pero gobernar también significa hacerse responsable de lo recibido. A casi dos años de iniciado su mandato, la herencia explica muchos problemas, pero cada vez explica menos. El verdadero desafío de la Presidenta será demostrar que la reducción de la violencia es real, que puede generar empleos formales, ordenar las finanzas públicas, recuperar la inversión nueva y enfrentar la corrupción incluso cuando ésta aparezca dentro de su propio movimiento.



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