Sin esperanza que ofrecer

 

El PRI aprobó cambiar sus estatutos en un evento diseñado para que su dirigente, Alejandro “Alito” Moreno, se pudiera perpetuar en la presidencia del partido. La decisión ha sido criticada por buena parte de los cuadros históricos de la formación. Alito, por su parte, celebró las enmiendas aprobadas, que le permitirían reelegirse como dirigente nacional del tricolor hasta 2032.

Para el año 2018, el PRI gobernaba en 12 estados del país. A partir de esta fecha, cuando Alejandro “Alito” Moreno tomó el control del partido, se fueron perdiendo una por una cada gubernatura hasta llegar a tener solo Coahuila y Durango. Las debacles ya venían desde antes. En 2016 perdieron 7 de las 12 gubernaturas en juego, incluidas las de Veracruz, Tamaulipas y Quintana Roo, donde habían mantenido el poder por 9 décadas. En 2018, además, perdieron las elecciones presidenciales en una combinación de hartazgo del electorado junto a la falta de suficiente apoyo partidista al candidato del momento, José Antonio Meade.

Esta pérdida de simpatía popular se ha dado en conjunto con el desvanecimiento de su ideología como organización. El PRI se concretiza en 1929 como un partido político nacional, popular, democrático, progresista e incluyente. Es una organización inscrita en la corriente socialdemócrata y comprometida con los principios de la Revolución Mexicana. Sin embargo, desde los años 80 se ha venido vaciando de principios ideológicos.

En medio de esta situación, la dirigencia quedó bajo el control de Alito y su aliado estratégico Rubén Moreira, diputado cuya esposa, Carolina Viggiano, es la secretaria general del partido. Moreno ha sido acusado de varios escándalos de corrupción, incluyendo el desvío de 32 millones de pesos para cursos en línea, enriquecimiento ilícito con propiedades lujosas y la contratación de empresas fantasmas durante su mandato en Campeche. Además, enfrenta acusaciones por lavado de dinero y fraude fiscal.

Definitivamente amigo radioescucha, si el tricolor tiene alguna posibilidad de salvación, esta proviene de Coahuila que se mantiene como el último resquicio de un priismo que gana elecciones y gobierna, no sin escándalos, con apego a sus principios. No obstante, no se trata solo de sentido común y del instinto de supervivencia de la organización. Incluso suponiendo la posibilidad de un nuevo dirigente, habría que preguntar qué propuestas tendría para el siglo XXI y con quiénes las llevaría a cabo. Esto abriría un gran debate que debería partir del hecho de que, en el momento actual, el PRI no tiene esperanza que ofrecer.



Comenta esta noticia