¿Tendrá sentido?

 

Con un porcentaje que osciló entre el 60 y el 61.5%, las elecciones del pasado 2 de junio no lograron superar las cifras de participación de comicios anteriores como los que llevaron a la presidencia a López Obrador en 2018, Enrique Peña Nieto en 2012, Vicente Fox en el 2000, Ernesto Zedillo en 1994 y Miguel de la Madrid en 1982. Sin embargo, el porcentaje sí fue superior al de las elecciones de Salinas de Gortari en 1988 y las de Felipe Calderón en 2006.

Coahuila, por su parte, mostró una participación superior a la media nacional, alcanzando el 64%. Más destacable es que en la Laguna de Coahuila, los distritos electorales 05 y 06 del INE con sede en Torreón, registraron una asistencia ciudadana histórica, con 70 y 68.2% respectivamente, cifras que superan ampliamente tanto la media nacional como la estatal. En otras localidades como San Pedro de las Colonias se observó una cifra de 68.7, Saltillo con 65 y Ramos Arizpe con 67.4%.

Esta notable participación es, en parte, fruto del esfuerzo de las organizaciones civiles que se dedicaron a promover el voto. Es notable que Claudia Sheinbaum haya obtenido la victoria en los distritos 5 y 6 de Torreón. Este resultado refuta las acusaciones de Morena sobre un supuesto proselitismo en favor de Xóchitl Gálvez y pone de relieve la efectividad e imparcialidad de las campañas de promoción del voto que realizaron las organizaciones ciudadanas.

Ahora bien, ante el descrédito de los partidos tradicionales, surge la pregunta de si el movimiento de la Marea Rosa debería transformarse en un partido político. Los partidos actuales parecen ignorar las necesidades reales de la población, bloqueando cualquier progreso que no se alinee con sus intereses. La Marea Rosa posee la organización necesaria, pero ¿tiene una propuesta política para convertirse en un partido? ¿Es coherente que un movimiento que aboga por la participación y la transparencia adopte un modelo partidista?

Definitivamente amigo radioescucha, convertirse en un partido y tener éxito es un camino de largo recorrido que podría extenderse por varios sexenios. Para ello sería necesario que el movimiento defina una identidad única, se distinga como una alternativa real frente a las organizaciones tradicionales y ofrezca una propuesta innovadora. De ser así podrá consolidarse como una fuerza política que responda genuinamente a las aspiraciones de la ciudadanía. Pero ¿tendrá sentido ser un partido? Que sea su reflexión detenida la que les dé la respuesta.



Comenta esta noticia