El reciente fallecimiento del alcalde Román Alberto Cepeda González representó, sin duda, un momento doloroso para Torreón. Su ausencia obliga a reconocer el peso de la responsabilidad que implica conducir una ciudad compleja, dinámica y exigente. Sin embargo, también es cierto que las instituciones no pueden detenerse ante la adversidad. La vida municipal continúa porque así lo demanda la ciudadanía: las calles requieren atención, las obras deben avanzar, los servicios públicos tienen que sostenerse y las necesidades cotidianas no esperan. En estos días difíciles, Torreón ha enviado una señal importante: el gobierno municipal mantiene la operación básica, los equipos siguen trabajando y la ciudad conserva el rumbo administrativo que se había trazado.
Eso no significa, desde luego, que todo esté resuelto. Torreón, como cualquier ciudad en crecimiento, enfrenta pendientes importantes: movilidad, agua, drenaje, pavimento, seguridad, limpieza, desarrollo urbano y atención a colonias que todavía esperan respuestas más rápidas y eficaces. Pero también sería injusto desconocer los avances alcanzados y la continuidad que se observa en las obras públicas y en la prestación de servicios. Una ciudad no se mide sólo por la ausencia de problemas, sino por su capacidad para enfrentarlos sin caer en la parálisis. Y en este momento, lo más valioso es que la administración municipal mantenga la disciplina, la coordinación y el compromiso de atender a la comunidad.
La ciudadanía, por su parte, también tiene derecho a exigir claridad. Pronto el Congreso de Coahuila deberá nombrar a la persona que asumirá la responsabilidad de concluir el periodo iniciado por el alcalde fallecido. No se trata de una decisión menor ni de un simple trámite político. Se trata de garantizar estabilidad, continuidad y capacidad de gestión para una ciudad que es motor económico, social y cultural de La Laguna. Quien llegue deberá entender que no recibe un cargo para administrarlo con cálculo personal, sino una encomienda pública que exige sensibilidad, carácter y visión. Torreón necesita liderazgo, pero también prudencia; necesita continuidad, pero también apertura para corregir lo que haga falta.
En momentos como éste, la política debe mostrar madurez. Los partidos, los grupos de interés y los actores públicos tienen la obligación de actuar con responsabilidad, sin convertir la coyuntura en campo de disputa anticipada. La prioridad debe ser Torreón y sus habitantes. La mejor manera de honrar una responsabilidad pública es asegurar que la ciudad siga funcionando, que las obras no se frenen, que los servicios no se deterioren y que las decisiones se tomen pensando en el bien común. Torreón no puede darse el lujo de perder tiempo en incertidumbres innecesarias. La ciudadanía espera resultados, no pleitos; soluciones, no protagonismos; compromiso, no improvisación.
Definitivamente, amigo radioescucha, la vida de Torreón continúa con todas sus exigencias y oportunidades. La ausencia del alcalde Román Alberto Cepeda deja un vacío humano y político, pero también pone a prueba la fortaleza de las instituciones municipales y estatales. Hoy lo importante es que la ciudad no se detenga, que los proyectos en marcha sigan adelante y que los servicios públicos respondan a las necesidades de la gente. Vendrá un nuevo nombramiento y con él una nueva responsabilidad. Quien tome el relevo deberá hacerlo con seriedad, humildad y compromiso, entendiendo que Torreón está por encima de cualquier interés particular. Porque una ciudad fuerte no es aquella que nunca enfrenta dificultades, sino aquella que sabe mantenerse de pie cuando llegan los momentos difíciles.