#ContextoDeLaTransparencia: La trampa

Leonor Gómez Barreiro

Transcurren los días de campañas electorales y crece el desánimo de la población para elegir a sus representantes. Entre discursos agresivos, acusaciones que preferiríamos no escuchar ­pues ponen en evidencia la crisis de impunidad y corrupción de la entidad­ y la falta de propuestas para atender los problemas más complejos de la comunidad, hemos presenciado las posturas de los candidatos(as) a gobernadores, alcaldes y diputados locales en Coahuila.

Sin embargo, de forma premeditada o no, los políticos buscan hacernos caer una vez más en la apatía para no vayamos a las urnas a ejercer nuestro derecho al voto, dando un duro golpe a la ya de por sí, mallugada democracia. La palabra trampa tiene varios significados. Una acepción del término la define como un plan o acción que busca engañar a una persona; también se puede entender como una contravención disimulada de una ley, convenio o regla, o manera de eludirla, con miras al provecho propio.

Las personas que ahora nos piden el voto, intentan que caigamos en una trampa. Le apuestan a la decepción de la población para que el sistema de partidos se fortalezca. Así nacen los gobierno autoritarios.

El Índice de Democracia 2016 realizado por la unidad inteligencia de la revista británica The Economist (EIU) revela que 72 países han tenido una decadencia en los valores democráticos. El instrumento mide el estado de la democracia mediante los procesos electorales y el pluralismo, las libertades civiles, el funcionamiento del gobierno, la participación política y la cultura política, en más de 160 países.

El estudio muestra que la puntación media de la democracia en 2016 cayó a 5.52, de 5.55 puntos obtenidos en el 2015. México obtiene apenas 6 puntos, en escala de 1 al 10. Noruega e Islandia ocupan las primeras posiciones como las democracias más fuertes del mundo.

Una de las conclusiones del informe es que la calidad de la democracia ha disminuido, debido a que el electorado se ha desencantado. La esperanza tal vez radique en enamorarnos de la democracia a través de la participación cívica. Esto nos permitiría esquivar la trampa en la pretenden zambullirnos.

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